Sobre la limitada o no capacidad del hombre para conocer
Sobre la limitada o no capacidad del hombre para conocer
Michel
de Montaigne, en su obra Apología de
Raimundo Sabunde, plantea la idea de la limitada capacidad del hombre para
comprender el universo. A mi parecer es bastante ilustradora acerca de su pensamiento la siguiente sentencia de
Sabunde: "El hombre se cree emperador y soberano del universo, del que
ni siquiera conoce la parte más ínfima, lejos de poder gobernarlo" (Montaigne, 1580/1991).
Si bien esta frase sigue siendo cierta hoy en día, no es menos cierto que hoy en día tenemos, de manera incalculable, mucho más conocimiento que, por ejemplo, en la época de Sabunde. La perspectiva sabundiana puede ser cuestionada a la luz de los avances científicos y tecnológicos. Dichos avances nos llevan, poco a poco, a poder gobernar el universo. Por ejemplo, con la teoría de la relatividad de Einstein o los descubrimientos en la física cuántica, hemos ampliado nuestra comprensión del universo de manera exponencial.
Por tanto, parece que, de manera experiencial, podemos decir que sí, que,
de alguna forma, aunque el hombre
de momento no es emperador y soberano del universo, está en proceso de conquistar dicha posición.
Emily Dickinson, en uno de sus poemas, refirió lo siguiente:
"El cerebro
– es más amplio que el cielo – colócalos juntos –
y el uno contendrá al otro holgadamente – y tu – también
–" (Dickinson,
1924).
El ser humano es capaz de conocerlo todo sobre el universo, según este
poema: "El cielo cabe en la mente". Yo, personalmente, y no
soy ningún tipo de superdotado, soy capaz de recrear el universo en mi mente a
través de imágenes, palabras, sonidos… Soy capaz, incluso, de tener pensamientos únicos que nadie nunca ha tenido
antes debido a mi experiencia y
genética únicas, las cuales juntas, crean los pensamientos únicos de los que hablo.
Me atrevería a decir que incluso trascienden al universo material. Si
bien se podría argumentar que mis pensamientos y yo somos
parte del universo, lo que quiero
transmitir es que mis pensamientos (que, a fin de
cuentas, son una fuente de conocimiento) van más allá del universo. Imágenes, palabras, sonidos… "pensamos en forma de arte" y, el buen arte es aquel que
logra transmitir lo que
pensamos.
La teoría estética de Immanuel Kant puede enriquecer esta mi perspectiva. En su Crítica del Juicio, Kant sugiere que el arte no solo es una expresión subjetiva, sino que también comunica ideas universales que trascienden las circunstancias individuales. Según Kant, el arte proporciona un acceso privilegiado a la experiencia estética, permitiendo una comprensión más profunda de la realidad y nuestra relación con ella.
Esta idea se alinea con la noción de que el arte puede
ser una forma de conocimiento que
va más allá de lo puramente cognitivo, ampliando nuestras percepciones y
comprensión del mundo que nos rodea.
A donde quiero llegar es a que quizá, y solo quizá, el arte sea la
conexión entre el universo y la
mente, pues, como ya se ha dicho "pensamos
en forma de arte". A mayores y relativo
al tema que nos atañe, el conocimiento artístico ha sido creado por el ser
humano. No solo podemos conocerlo
todo del universo, sino que podemos crear universo material y mental
a través del arte.
La creatividad y la expresión artística son formas de conocimiento que
trascienden los límites convencionales del entendimiento.
Algunas veces, a través del arte, entendemos sin entender. Esto sugiere que el arte no solo refleja la realidad,
sino que puede ir más allá y también puede expandir nuestras percepciones
y comprensión del mundo que nos rodea.
El conocimiento humano no se limita únicamente a la adquisición de datos
científicos o razonamientos
lógicos, sino que también puede ser alcanzado a través de experiencias estéticas
y creativas.
Esto amplía el alcance de la exploración sobre la capacidad del hombre
para conocer, al considerar
múltiples formas de entendimiento que van más allá de lo puramente cognitivo. No es solo que "pensemos en forma de arte", es, además, que el arte
proviene de pensamientos (que son
arte a su vez) y se retroalimenta a sí mismo. Pensar es arte, además de un arte.
Por tanto, para conocer, el ser humano de lo único que necesita es del universo material, de su mente y de tiempo. Démonos tiempo. En lo relativo al conocimiento humano, que es lo que aquí interesa, creo relevante la siguiente frase escrita por el autor del presente trabajo la cual refleja la idea que este quiere transmitir: "La capacidad de conocer del ser humano es limitada, pero lo es por el tiempo; el conocimiento humano es limitado, pero lo es por el momento." (Infiesta Tsuchiya, 2024).
En otras palabras, la capacidad de conocer del ser
humano está condicionada por un factor
externo, a saber: el tiempo, no por una limitación inherente de la capacidad
cognitiva humana.
Por otro lado, afirmaba Heráclito que el ser es cambiante. Por tanto, no
es posible conocer al ser, pues este no cesa en su empeño
por cambiar. Pero ello no es necesariamente así, pues, yo puedo conocer el pasado y puedo conocer el
presente, incluso, me atrevería a decir
que el futuro es cognoscible o, como poco, imaginable, y más, según avanza la tecnología (podemos predecir el movimiento
de un asteroide, el tiempo que va a hacer en
determinada ciudad la semana
que viene, el supuesto fin del universo…).
Al adentrarnos en los confines del conocimiento en relación con el
tiempo, resulta fundamental
considerar la perspectiva de Immanuel Kant. En su obra cumbre, Crítica de la Razón Pura, Kant argumenta que el conocimiento humano se
encuentra limitado por las condiciones
a priori de la sensibilidad y el entendimiento, a las que denomina "formas
puras de la intuición" y
"categorías del entendimiento", respectivamente (Kant, 1781/1998).
En el caso específico del tiempo, Kant sostiene que este funciona como
una forma pura de la intuición, es
decir, una condición universal y necesaria para nuestra experiencia perceptual. El tiempo no se presenta como
un elemento perceptible en el mundo externo, sino como una estructura subyacente que organiza tanto nuestra
experiencia interna como externa. Por
lo tanto, nuestra capacidad para conocer está intrínsecamente ligada a nuestra
experiencia temporal.
Desde esta perspectiva kantiana, podemos comprender que nuestros límites de conocimiento están determinados por la naturaleza misma de nuestra facultad cognitiva. El tiempo actúa como un marco que estructura nuestra percepción y comprensión del mundo, pero a la vez impone limitaciones a lo que podemos conocer dentro de ese marco.
Afirmar que "la capacidad de conocer del ser humano
es limitada, pero lo es por el tiempo"
remite a una verdad fundamental sobre la condición humana según la
filosofía kantiana. Nuestra capacidad
para conocer se encuentra condicionada por nuestra naturaleza temporal y las estructuras mentales que
determinan nuestra experiencia del tiempo y del mundo.
En definitiva, al considerar los límites del conocimiento en relación con
el tiempo, es crucial tener en cuenta
la perspectiva kantiana sobre las formas puras de la intuición y cómo estas estructuras fundamentales determinan
nuestra capacidad para conocer el mundo que nos rodea.
Del mismo modo que Sabunde afirma que no podemos conocer ni la más ínfima parte del universo, también lo hace con respecto de Dios. Argumenta Sabunde que la razón complementa a la fe. Desde mi punto de vista, decir que la razón complementa la fe es realizar un argumento partiendo de la conclusión y no al revés. Es decir, se recorre el camino desde la meta al punto de salida, y no por el orden lógico que toda carrera supone. No es este – a mi parecer – el único error en la manera de argumentar de Sabunde, pues, también se basa en una hipótesis partiendo de una premisa incierta (incierta en el sentido de que no sabemos si es cierta, no de que no sea cierta): la fe. Recordemos la definición única que da la Real Academia Española de la Lengua acerca de la palabra hipótesis: "Suposición de algo posible o imposible para sacar de ello una consecuencia". Esto es exactamente la treta argumental de que hace uso Sabunde.
Además, si Dios nos hizo a su imagen y semejanza y Dios es omnisciente, omnipotente y omnipresente, ¿por qué iba a ser menos el ser humano? ¿Acaso no es este solo el principio de la humanidad? De nuevo, démonos tiempo para conocer, para empoderarnos y para estar en todas partes, de manera tal que acabemos llegando a Dios. Desde mi punto de vista, la razón no complementa a la fe, sino que no existe otra fuente de conocimiento aparte de la razón.
La fe no es una fuente de conocimiento, sino de creencia. En primera
instancia, existen los sentimientos y
los pensamientos. La razón es creada por pensamientos, la fe, sin embargo,
de sentimientos (miedo, soledad, amor…). Ambas se nutren de la
experiencia desembocando la razón en
conocimiento y la fe en creencia. La razón no complementa a la fe, sino
que la limita. Allá donde
haya razón, no puede haber fe, y viceversa.
Fdo. Alexito
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